Accede al Archivo
Palancas
53
Mejorar nuestra calidad de vida en la ciudad

Semillas de barrio

Palanca estudiantil elaborada en la asignatura Políticas Sectoriales y Estudio de Casos - Diploma de Honor en Políticas Públicas.

12 noviembre 2025

Descargar la palanca en PDF

Autores: Ana Ledesma, Martín González, Constanza Catalán, Isidora Ramírez, Constanza Castro, Javier A . Etcheverry, Jade Flores.

La presente propuesta busca recuperar espacios públicos abandonados en un sector marginal de la comuna de Puente Alto, en Santiago de Chile, denominado Bajos de Mena, mediante la implementación de “plazas de bolsillo”. Estas son intervenciones urbanas tácticas y temporales que habilitan terrenos baldíos en desuso como áreas verdes y de encuentro comunitario (Egger, 2019). Se trata de una palanca en el sentido de ser una acción específica, factible y de alto impacto que permite mejorar la calidad de vida a nivel barrial, alineada con el objetivo de fortalecer el espacio público y la cohesión social. Con módulos de mobiliario, vegetación y equipamiento trasladable, estas plazas revitalizan sitios eriazos de propiedad fiscal o municipal de forma rápida y de bajo costo (Egger, 2019). La iniciativa pretende generar un cambio tangible en la percepción de seguridad y en la utilización del espacio colectivo por parte de los vecinos, demostrando cómo una pequeña intervención pública puede producir mejoras significativas en entornos urbanos vulnerables.

ANTECEDENTES

Bajos de Mena es una población ubicada en el extremo sur poniente de Puente Alto, que se originó en los años 90 como respuesta a políticas habitacionales dirigidas a familias vulnerables. En pocos años se levantaron alrededor de 25 mil viviendas distribuidas en 49 conjuntos habitacionales, caracterizados por su alta densidad y precaria calidad constructiva, lo que generó desde el inicio condiciones severas de hacinamiento (BioBioChile, 2024). La ubicación geográfica del barrio, rodeado por barreras naturales y urbanas como el río Maipo, la autopista Acceso Sur y terrenos agrícolas, acentuó su aislamiento (Cociña, 2018).

Inicialmente, Bajos de Mena careció de infraestructura y servicios básicos. Durante años no existieron farmacias, bancos, supermercados ni suficiente equipamiento comunitario (BioBioChile, 2024). Además, múltiples edificios presentaron graves problemas constructivos, como filtraciones y grietas, lo que llevó incluso a demoliciones en conjuntos emblemáticos como El Volcán.

La percepción de inseguridad es uno de los principales problemas actuales del sector, acentuado por hechos violentos y una constante presencia de bandas criminales. El espacio público genera sensaciones negativas en los habitantes, quienes prefieren mantenerse en sus hogares para evitar riesgos (Arellano, 2018; BioBioChile, 2024). A esto se suma el deterioro y abandono de múltiples sitios eriazos, pasajes y rincones sin uso definido, que no solo afectan la convivencia y el bienestar barrial, sino que también representan focos activos de riesgo, ya sea por acumulación de desechos, incendios o apropiación para actividades delictuales. Así, por ejemplo, en febrero de 2025, un incendio de gran magnitud comenzó en un sitio eriazo en Bajos de Mena y se propagó a viviendas vecinas (Castillo & Neira, 2025).

La recuperación de estos espacios emerge como una estrategia clave para prevenir estos escenarios y promover entornos más seguros y habitables.

¿CUÁL ES LA IDEA?

La presente palanca propone la implementación de plazas de bolsillo, entendiendo su aplicación en Bajos de Mena como un plan piloto, y como una intervención de urbanismo estratégico que permita recuperar espacios públicos degradados, fortalecer la cohesión comunitaria y mejorar la percepción de seguridad en el barrio. Se trata de una iniciativa de bajo costo, reversible y de fácil implementación, lo que la hace especialmente adecuada para barrios con alta vulnerabilidad urbana como el que nos convoca.

A fin de precisar su diseño y garantizar su factibilidad, se ha optado por acotar su alcance a componentes específicos que aseguren su viabilidad técnica, política y presupuestaria. De este modo, se excluyen elementos de mayor complejidad como luminarias convencionales o estructuras fijas costosas, privilegiando equipamientos móviles, modulares y de fácil instalación: bancas, jardineras, juegos infantiles sencillos, huertos comunitarios en maceteros, y eventualmente food trucks de tamaño limitado. La selección de estos elementos quedará definida en cada caso por la comunidad, mediante procesos participativos de carácter deliberativo y que se caracterizarán por su sencillez.

El diseño de la palanca se organiza en cuatro componentes centrales:

– Diagnóstico y selección del espacio: Se realizará un levantamiento participativo para identificar terrenos fiscales o municipales subutilizados, considerados conflictivos o inseguros por la propia comunidad. Esto permitirá priorizar aquellos espacios donde la intervención pueda tener un mayor impacto simbólico y práctico (Egger, 2019).

– Co-diseño comunitario del espacio: Se convocarán talleres barriales para definir los usos, mobiliario y actividades que deberá tener cada plaza. Este proceso puede ser guiado por facilitadores y diseñadores urbanos (del municipio o universidades asociadas) y tiene por objeto asegurar la pertinencia cultural y la apropiación del espacio.

– Implementación física: A partir del diseño consensuado, se ejecutará la intervención con materiales de bajo costo y fácil mantenimiento. Se promoverá la participación vecinal a través de mingas o jornadas de trabajo colectivo para la instalación del mobiliario y la jardinería. Esto permitirá fortalecer el sentido de comunidad desde la acción compartida.

En cuanto al modelo de implementación, se adoptará un enfoque ‘de abajo hacia arriba’, lo que implica que la iniciativa nacerá y se consolidará a partir de las propias comunidades. Por ejemplo, los barrios podrán postular formalmente a este proyecto mediante convocatorias abiertas organizadas por la municipalidad o por organizaciones comunitarias. Otra alternativa es que se realicen elecciones preliminares en las que los vecinos prioricen qué sitios serán intervenidos primero, fomentando la transparencia y la apropiación colectiva. Este proceso permitirá que cada sector o barrio tenga un rol activo en decidir dónde y cómo se instalará la plaza de bolsillo.

– Modelo de gestión participativa: Finalizada la instalación, la plaza será gestionada de forma compartida entre el municipio y un comité de vecinos, idealmente denominado “Amigos de la Plaza”. Este comité estará encargado de organizar actividades (talleres, ferias, eventos culturales), vigilar el buen uso del espacio y canalizar mejoras futuras. La municipalidad asegurará la mantención básica (riego, limpieza, reparaciones menores), mientras que la comunidad tendrá un rol activo en su dinamización.

Para la conformación de los ‘Amigos de la Plaza’, se podrá convocar a una reunión abierta con representantes de la municipalidad, en la cual se explique que esta agrupación funcionará como un ente de administración y cuidado del espacio. En esa misma instancia, se podrán elegir de forma participativa a las personas que integrarán el comité, asegurando que exista representación diversa y legitimidad comunitaria. Esta metodología contribuirá a que la implementación sea más ordenada y que la responsabilidad sobre el espacio esté claramente distribuida.

En suma, esta propuesta se enmarca como una pequeña pero significativa acción de política pública, con impacto tangible y replicable, que pretende activar el capital social local, mejorar la calidad de vida urbana y fortalecer la relación entre la comunidad y su entorno construido.

¿QUÉ ERRORES O PROBLEMAS BUSCA SOLUCIONAR?

La propuesta de implementar plazas de bolsillo en Bajos de Mena busca abordar directamente problemas específicos que afectan negativamente la calidad de vida de sus residentes y el estado general de la población. Estos problemas se pueden resumir claramente en cuatro puntos principales:

– Inseguridad vinculada espacios abandonados: Actualmente, los terrenos baldíos y propiedades desocupadas en Bajos de Mena representan focos significativos de delincuencia, generando una percepción constante de inseguridad en la comunidad. Estos sitios, sin uso ni supervisión regular, propician actividades ilícitas, consumo de drogas y violencia callejera, lo cual imposibilita el uso positivo del espacio público por parte de los vecinos (Cociña, 2018; Fuentes, Ramírez & Rodríguez, 2020)

– Deterioro urbano y abandono de terrenos: Los terrenos abandonados producto de demoliciones inconclusas o intervenciones parciales sin planificación adecuada han convertido a ciertos sectores de Bajos de Mena en zonas urbanas degradadas. Estos espacios permanecen durante años sin ningún tipo de intervención, convirtiéndose en microbasurales que afectan tanto el medio ambiente como la calidad visual del barrio (Fuentes et al., 2020)

– Déficit significativo de áreas verdes y espacios públicos: Desde su construcción original, Bajos de Mena sufre un serio déficit de áreas verdes y espacios públicos accesibles, condición agravada por la alta densidad poblacional del sector. Esta falta de infraestructura recreativa, que se replica en otros sectores de Chile, limita gravemente las opciones de encuentro social de niños, adultos mayores y familias, generando un aislamiento que puede afectar el bienestar físico y psicológico de la comunidad (Cociña, 2018)

– Débil gobernanza local y escasa participación ciudadana: Las intervenciones previas del Estado en Bajos de Mena han sido criticadas por falta de participación efectiva de la comunidad local, generando proyectos que no siempre responden a las necesidades reales de sus habitantes. La carencia de espacios de participación impide una apropiación positiva del espacio público, lo cual afecta en la colaboración de su mantenimiento (Arellano, 2018; Fuentes et al., 2020).

¿QUIÉNES SON LOS RESPONSABLES DE GESTIONAR LA IDEA?

La gestión de esta palanca estará centrada en los pobladores locales, particularmente a través de un comité vecinal denominado “Amigos de la Plaza”. Este grupo estará compuesto principalmente por los propios vecinos del sector interesados en el proyecto, quienes liderarán el diagnóstico, co-diseño, implementación y mantención del espacio. Su rol será clave en la activación social del lugar, en la organización de actividades y en el resguardo del uso adecuado del espacio.

El municipio de Puente Alto tendrá una función de apoyo técnico y administrativo, especialmente en lo relativo a la autorización del uso de suelo, asesoría en diseño urbano y coordinación logística, a través de su Dirección de Desarrollo Comunitario (DIDECO), la cual tiene como uno de sus objetivos el fortalecimiento de la comunidad organizada. Sin embargo, no será el actor central ni indispensable para la ejecución, con el objeto de tener mayor autonomía y replicabilidad de la intervención en otros lugares.

En síntesis, esta palanca se apoya en una lógica de gobernanza comunitaria, sencilla y flexible, que permite que el modelo se sostenga más allá de las contingencias políticas o administrativas. Así, se garantiza su factibilidad, su bajo costo y su potencial de adaptación en diversos contextos barriales.

¿QUÉ MECANISMOS DE RENDICIÓN DE CUENTAS O MEDICIONES SE PUEDEN PONER EN MARCHA?

El monitoreo y evaluación de esta palanca se ajusta a su escala acotada y su carácter participativo. La intervención se proyecta con una duración estimada de 3 a 4 meses por plaza, considerando desde el diagnóstico hasta la implementación del espacio.

Durante la etapa de ejecución, se llevarán registros quincenales que den cuenta del avance físico de la intervención, los niveles de participación comunitaria y eventuales ajustes en el diseño. Estos registros serán gestionados por los “Amigos de la Plaza”, mediante un formulario simple que documente hitos clave y asistencia, en coordinación con la Dirección de Desarrollo Comunitario (DIDECO) de la Municipalidad de Puente Alto.

Una vez implementada la plaza, se establecerá un sistema de seguimiento comunitario semestral. Este incluirá encuestas breves a los vecinos sobre percepción de seguridad, uso del espacio, y satisfacción general. Asimismo, se promoverán reuniones abiertas entre el comité de gestión y la comunidad para transparentar avances, dificultades o necesidades emergentes.

Para observar impactos más duraderos, se propondrá una evaluación de resultados al año de su implementación, que considere variables como: disminución de microbasurales, aumento de actividades comunitarias, uso frecuente del espacio por distintos grupos etarios y reducción de percepción de inseguridad.

A nivel institucional, el municipio podrá publicar un informe anual consolidado con los resultados de todas las plazas desarrolladas en el periodo, lo que permitirá evaluar el modelo en su conjunto y alimentar decisiones futuras sobre su expansión.

Estos mecanismos buscan asegurar transparencia, corregir desajustes de manera oportuna, y generar evidencia sobre el valor de este tipo de intervenciones, sin burocratizar el proceso ni exigir recursos técnicos complejos.

¿CUÁLES SON LOS BENEFICIOS POTENCIALES DE LA IDEA Y CUÁLES SUS COSTES?

Esta palanca ofrece beneficios tanto simbólicos como concretos para los vecinos de Bajos de Mena. En el plano simbólico, la transformación de pequeños sitios abandonados en espacios públicos activos contribuye a mejorar la percepción de seguridad, fortalecer la confianza entre vecinos y fomentar la cohesión social. Al contar con lugares cuidados y con presencia comunitaria, se genera un entorno que invita al encuentro y desalienta el uso indebido de estos espacios.

En términos concretos, cada plaza de bolsillo podría ocupar entre 50 y 150 m², dependiendo de la disponibilidad y características del terreno. Se trata de intervenciones acotadas, reversibles y de bajo costo, cuyo diseño se define a través de procesos de co-diseño comunitario. Esto permite priorizar elementos económicos y funcionales como pintura, mobiliario reciclado, señalética, juegos infantiles simples o jardineras. El valor estimado de cada intervención varía entre $2.000.000 y $4.000.000 de pesos, según la escala, los materiales y el nivel de participación, incluyendo tanto el diseño como la ejecución. El financiamiento podría provenir de presupuestos municipales participativos, fondos concursables locales o recursos gestionados por organizaciones comunitarias, garantizando la viabilidad sin depender de grandes estructuras institucionales.
En materia de costos, será fundamental detallar la estructura presupuestaria para cada intervención. Esto incluye la estimación de gastos en materiales (mobiliario, pintura, vegetación), mano de obra (cuando no pueda ser cubierta mediante voluntariado), transporte, permisos y eventual arriendo de equipos. También se deberá contemplar un fondo mínimo para mantenimiento durante el primer año, lo que asegurará la operatividad continua de la plaza de bolsillo sin depender de nuevas fuentes de financiamiento inmediatas. Esta claridad financiera facilitará la búsqueda de recursos y aumentará la confianza de los actores involucrados.

Además de la mejora física del entorno, las plazas funcionan como plataformas de encuentro para actividades vecinales, talleres, celebraciones, ferias comunitarias puntuales que refuerzan el uso positivo del espacio. Estos usos son temporales y de baja escala, coherentes con las dimensiones de la intervención, y contribuyen a la activación social del barrio sin requerir infraestructura permanente.

Entre los riesgos identificados se encuentran la baja participación vecinal, la dificultad de sostener el mantenimiento en el tiempo y la dependencia de liderazgos puntuales. Estos se abordan mediante la figura de los “Amigos de la Plaza”, encargados de custodiar el espacio, promover su uso y actuar como enlace entre la comunidad y el municipio. Con un protocolo simple de funcionamiento y un acompañamiento básico, esta figura contribuye a la sostenibilidad social de la intervención.

Así las cosas, los beneficios más tangibles se relacionan con la habilitación física de espacios pequeños pero funcionales y la mejora del entorno urbano inmediato, mientras que los beneficios simbólicos apuntan al fortalecimiento de la confianza, la cohesión social y la apropiación comunitaria. Ambos tipos de beneficios, en conjunto, justifican la inversión y refuerzan la factibilidad de replicar el modelo en distintos contextos barriales.

¿LA IDEA AUMENTARÁ LA INCLUSIÓN ECONÓMICA Y/O MEJORARÁ LA AUTONOMÍA? SI ES ASÍ ¿CÓMO?

La intervención puede habilitar oportunidades económicas secundarias y limitadas. En jornadas específicas, el espacio podrá albergar puestos o ferias temporales donde emprendedores del sector ofrezcan productos o servicios. Estas instancias serán puntuales y de pequeña escala, y su realización dependerá de la capacidad organizativa de la comunidad. El foco principal sigue siendo la seguridad, la confianza y la cohesión social. Lo económico es un efecto colateral que podría consolidarse con el tiempo

En cuanto a la autonomía, los efectos son tanto individuales como colectivos. En el plano individual, contar con espacios públicos seguros permitirá que niños, jóvenes y adultos mayores se desplacen y se reúnan con mayor independencia dentro de su propio entorno, sin depender de traslados a otras zonas para acceder a áreas verdes o de recreación. A nivel comunitario, la autonomía se verá fortalecida mediante el empoderamiento de las organizaciones vecinales en la gestión de las plazas. Al formarse comités locales que toman decisiones sobre el cuidado y uso del espacio, la comunidad desarrolla mayores capacidades de autogobierno y un fuerte sentido de responsabilidad compartida. Para alcanzar este objetivo, es fundamental implementar procesos participativos desde el inicio del proyecto, como talleres de co-diseño donde los vecinos definan cómo quieren usar el espacio y qué reglas desean establecer. Además, se debe acompañar a los comités vecinales con asesoría técnica, formación en liderazgo y acceso a recursos municipales o fondos concursables que les permitan sostener la gestión en el tiempo. En suma, la recuperación del espacio público mediante plazas de bolsillo promoverá una mayor inclusión social y económica, a la vez que fomentará la autonomía y el protagonismo de los propios vecinos en el desarrollo de su barrio.

CONCLUSIÓN

La propuesta de plazas de bolsillo en Bajos de Mena busca recuperar espacios públicos abandonados mediante intervenciones comunitarias de bajo costo, alto impacto y rápida implementación. Se fundamenta en la participación vecinal desde el diagnóstico hasta la gestión, fomentando la cohesión social, seguridad y apropiación del entorno. El diseño modular y móvil permite adaptabilidad y sostenibilidad, evitando estructuras costosas. La intervención responde a problemas estructurales como la inseguridad, el déficit de áreas verdes y la débil gobernanza local. Además, promueve la inclusión económica al facilitar el comercio local y mejora la autonomía individual y comunitaria. Para su éxito, se implementarán mecanismos de seguimiento, participación continua y alianzas estratégicas con actores locales. En suma, se trata de una palanca efectiva para mejorar la calidad de vida barrial mediante la recuperación y resignificación del espacio público.